Puede parecer un chiste, pero la verdad es que da sustito.
Algunos colegios de EEUU han prohibido el cuento de Caperucita Roja por llevar vino en su cesta. La asociación Moms Demand Action for Gun Sense in America responde con esta campaña...
"Una de estas niñas sujeta algo que ha sido prohibido en EEUU para protegerles. Adivina cuál.
No dejamos entrar a Caperucita Roja en las escuelas por llevar vino en su cesta. ¿Por qué no hacer lo mismo con las armas de asalto?
No, si ahora va a resultar que Caperucita era una díscola borracha que vivía por y para el botellón, pero al pueblo americano no se le puede privar del derecho a poseer y portar armas.
Están locos estos yankis....
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PRIMERAS MUJERES DIPUTADAS EN ESPAÑA
Por Susanna Tavera
| Dolores Ibarruri |
Los nombres y las biografías de Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken son, sin duda, los que la memoria histórica de la España contemporánea asocia a la presencia femenina en el Parlamento de la Segunda República española y, por consiguiente, a la del reconocimiento de la ciudadanía política de las mujeres. Gracias a un decreto de mayo de 1931 en el que se les reconocía a las mujeres el estatus de "elegibles", las tres validaron su condición de diputadas en las elecciones a constituyentes de julio de 1931 resultando elegidas: Clara Campoamor por el Partido Radical de Alejandro Lerroux, Victoria Kent por el Partido Radical Socialista y, finalmente, por el Partido Socialista Obrero Español, Margarita Nelken. Y, por más que esta última no pudiera acceder a su escaño hasta que se solventaron los problemas administrativos surgidos por no tener la ciudadanía española (Margarita Nelken era hija de alemán y francesa), una de las principales transformaciones políticas que vivía la sociedad española era la de la presencia de mujeres entre los parlamentarios reunidos en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.
El largo camino de las sufragistas españolas No se vieron satisfechas así las aspiraciones de amplios sectores del electorado femenino ni las de las organizaciones y plataformas sufragistas, que compartían el activismo reivindicativo a favor del voto de las mujeres. A pesar del retraso con el que las sufragistas se organizaron en España en relación a otros países occidentales desarrollados, es innegable que determinados sectores de las mujeres españolas manifestaron enraizadas preocupaciones acerca de la ciudadanía política femenina mucho antes de la Primera Guerra Mundial y de que en 1918 se creara en Madrid la Asociación Nacional de Mujeres Españolas —la ANME— considerada como su buque insignia aunque no fuera su única plataforma reivindicativa. Antes, sectores de mujeres activistas habían manifestado ya sus preocupaciones y reivindicaciones políticas: en Cataluña lo habían hecho las llamadas solidarias —principalmente catalanistas de la Uiga— y las anti-solidarias —damas rojas republicanas, radicales y librepensadoras y masonas— coincidiendo con las elecciones de la Solidarität Catalana de 1907 y en Madrid, por ejemplo, socialistas madrileñas elevaron sus voces en la misma dirección con ocasión de la conjunción republicano-socialista de 1910, tras la Semana Trágica barcelonesa de 1909. Y, de hecho, la amplitud de este activismo fue tal que contagió a organizaciones y plataformas del catolicismo social con el efecto lateral de que el Estatuto Municipal del general Primo de Rivera incluyera la posibilidad de que fueran elegidas regidoras municipales aquellas mujeres que tuvieran la condición de cabeza de familia y de que, al constituirse en 1927 la Asamblea Nacional —un remedo de parlamento que no fue ni democrático ni deliberativo— nombrara asambleístas a varias representantes del catolicismo social, como María de Maeztu, María de Echarri o Carmen Cuesta. Así, las asambleístas primorriveristas se transformaron en las primeras mujeres que accedían a la más alta institución política del Estado —las socialistas que recibieron la propuesta del dictador la rechazaron— y, de esta forma, también se transformó el reconocimiento de la ciudadanía democrática femenina en una aspiración activamente identificada con la transformación política del Estado. A la Segunda República española le correspondería, pues, recuperar la constitucionalidad y darle a la democracia política un verdadero contenido de género.
En el verano de 1931 las constituyentes tenían ante sí la tarea de elaborar una nueva constitución e incluir a las mujeres en el electorado español. La discusión del sufragio femenino fue, sin embargo, un tema difícil, pues por doquier se levantaba el fantasma de la hipotética influencia que la Iglesia podría tener en el voto de las mujeres, inclinando las urnas hacia la derecha e, incluso, hacia posiciones políticas no democráticas. En el Parlamento sólo Clara Campoamor habló decidida y entusiasta a favor del voto. Con voz vibrante y retórica decidida manifestó una y otra vez que si las mujeres formaban parte del conjunto social justo era que la política también las reconociera como ciudadanas de pleno derecho, como elegibles y electoras a un tiempo. Como diputada desarrolló una intensa actividad, pero fue su activa defensa del sufragio femenino en los debates iniciados en septiembre de 1931 la que proporcionó mayor visibilidad a esta mujer que se había hecho a sí misma. Cursó bachillerato siendo ya mayor, presentándose con esfuerzo denodado a varias oposiciones y estudiando a continuación Derecho, carrera en la que se licenció en 1924, a los 36 años de edad. Sus argumentos insistían en que la República no sería democrática si les negaba el voto a las mujeres y convencieron a parlamentarios cuyas posiciones no eran en principio abiertamente favorables. Sin ir más lejos, Manuel Azaña lo dejó escrito en sus diarios: "Yo creo que tiene razón la Campoamor y que es una atrocidad negar el voto a las mujeres por la sospecha de que no votarían en favor de la República".
La conquista del derecho al voto El derecho al voto fue finalmente aprobado en octubre de 1931 con 161 votos a favor y 121 en contra, siendo derrotada dos meses más tarde, en diciembre de 1931, una enmienda que proponía excluir a las mujeres del voto en las generales, pero no en las municipales. El entusiasmo se dejó sentir en la calle y, según constaba en el artículo 36 del Título III de la Constitución republicana, las españolas mayores de 23 años tenían abierto el camino a las urnas y con él el reconocimiento de una ciudadanía igualitaria: "Los ciudadanos de uno y otro sexo tendrán los mismos derechos electorales según determinen las leyes". Sin embargo, todavía tardarían en votar porque el reconocimiento político del voto no implicaba el inmediato acceso de las mujeres a las urnas. En cualquier elección, los mecanismos jurídicos exigían, y exigen todavía hoy, la previa elaboración del censo electoral. Y éste fue el condicionante legal que mantuvo alejadas de las urnas a las mujeres catalanas en el referéndum del Estatut de abril de 1932 habiendo ocurrido lo mismo en noviembre del mismo año 1932 en las elecciones al Parlamento catalán. Una vez confeccionados los respectivos censos, las mujeres de toda España pudieron finalmente votar en las generales de noviembre de 1933.
En España habían votado por primera vez más de seis millones de electoras y hasta períodos muy recientes la historia ha continuado preguntándose si esta participación había favorecido a las derechas, como siempre han querido aventurar determinadas corrientes historiográficas o si, por el contrario, habían sido éstos unos resultados independientes de la concurrencia del voto femenino a las urnas. Trabajos muy recientes continúan abordando el tema y aportando frases que, repetidas una y otra vez, suenan a cancioncilla propagandística: "El mundo se perdió por una mujer, gimoteaba la izquierda, mientras subrayaba el error de no haberle concedido un sufragio restringido". Sin embargo, el análisis de los niveles de la participación por parte de hombres y mujeres indica que la orientación del voto de las mujeres fue similar a la de los hombres y no hizo por tanto más que redoblar la inclinación general. Se plantea así una hipótesis avanzada también hace años y que en el fondo no hacía más que insistir en la independencia de criterio electoral y político con que las mujeres habían manifestado una mayoría de edad política por la que se habían movilizado ampliamente y lo habían hecho con las mismas características con que podían haberlo hecho, antes y después, los votantes masculinos.
Las nueve pioneras Como es lógico suponer, los años republicanos constituyen una etapa en la que la presencia de las mujeres en espacios de la vida pública española resultó estimulada por el mismo activismo político, social y cultural con que habían conseguido el reconocimiento del voto. En concreto, a los escaños del Parlamento se incorporaron nueve diputadas entre 1931 y 1936. Clara Campoamor Rodríguez, Victoria Kent Siano y Margarita Nelken Mansberger fueron elegidas como ya hemos visto en las elecciones a constituyentes. Margarita Nelken lo fue de nuevo en noviembre de 1933 y en febrero de 1936 siendo la única mujer que consiguió las tres actas del período republicano, siempre como candidata socialista por el distrito de Badajoz. En noviembre de 1933 consiguieron, además, el acta de diputadas Francisca Bohigas Gavilanes, de la Minoría Popular Agraria y de la CEDA y las socialistas Veneranda García-Blanco Manzano, María Lejárraga García y Matilde de la Torre Gutiérrez. En febrero de 1936 ganaron sus escaños las socialistas Julia Álvarez Resano y la ya mencionada Matilde de la Torre Gutiérrez, la comunista Dolores Ibárruri Gómez y las también mencionadas ya Victoria Kent Siano o Margarita Nelken.
Clara Campoamor, Victoria Kent y Julia Álvarez Resano eran abogadas; Margarita Nelken era pintora, crítica de arte y periodista; Francisca Bohigas Gavilanes, Matilde de la Torre y Veneranda García-Blanco maestras; María Lejárraga, aunque maestra de profesión, fue una escritora prolífica que destacó en diversos géneros; y, por último, la comunista Dolores Ibarrúri estudió el curso preparatorio de Magisterio y, tras abandonarlo, se ganó la vida como trabajadora manual en oficios tan típicamente femeninos como los de costurera o criada. El conjunto constituía un puñado de mujeres profesionales cuya memoria se ha perdido hoy en buena parte de los casos. Su dedicación a las actividades públicas les dio visibilidad y si hoy es posible recorrer su biografía es porque todas ellas dieron a la imprenta relatos biográficos o libros autobiográficos y memorias políticas que, según los casos, vieron la luz en el exilio, independientemente de que sus autoras se hubieran exilado al acabar la Guerra Civil o al iniciarse ésta. Clara Campoamor, por ejemplo, marchó al exilio en septiembre de 1936 y escribió a vuela pluma casi unos meses después La révolution spagnole vue par une républicaine, sus memorias políticas en París durante el año 1937. Sin embargo, fue en Madrid y en el mismo verano de 1936 cuando Margarita Nelken escribió Porqué hicimos la revolución, un texto encaminado a justificar la radicalización del sector socialista colindante con la III Internacional que la votaba y también su propia evolución política que desde octubre de 1934 la había ido convirtiendo en firme candidata a la militancía en el Partido Comunista de España, un proceso que culminaría en los últimos meses del mismo año 1936. Pero, por lo general, las memorias de las diputadas republicanas vieron la luz en el exilio posterior a 1939, cuando en relación a la política española ya sólo "les quedaba la palabra", una situación descrita aquí con las poéticas palabras de Blas de Otero.
Silenciadas y desconocidas "Les quedaba la palabra" y a ésta acabaría por llevársela el viento con la obstinación de los elementos que acostumbran a arrasar con los vestigios humanos. ¿Quién recuerda hoy a María Lejárraga, la diputada ríojana que consiguió el acta parlamentaria por la provincia de Granada en 1933, si no fuera por la peculiar relación de "negro" literario que mantuvo con Gregorio Martínez Sierra, su esposo y firmante de al menos una parte de sus obras? ¿Quién sabe fuerra de su Cantabria natal quién fue la socialista Matilde de la Torre? Sorprendentemente, antes incluso de que la Transición democrática española acometiera la reconstrucción de la memoria democrática de estas mujeres guardaba la población española los nombres y las figuras de Dolores Ibárruri y de Federica Montseny, comunista una y anarquista la otra, diputada frentepopulista como hemos visto una y la otra ministra de Sanidad y Asistencia Social del segundo gobierno que Largo Caballero formó durante la Guerra Civil y, por tanto, la primera mujer que en España accedía a tal responsabilidad política. Paradójicamente, el nombre de ambas era repetido con verdaderas "lindezas" retóricas desde los medios de comunicación franquista según la misma voluntad represora con que se trataba de silenciar los nombres y el papel de las diputadas "rojas" o de las mujeres políticas. La lógica de esta simplificación mantuvo sus nombres y borró otros, incluso en casos en que, como en el de Francisca Bohigas Gavilanes, pudieran haber pertenecido a partidos de derechas y haber puesto su pluma tras finalizar la Guerra al servicio de los "vencedores". Justo es, pues, rendirles a todas estas mujeres el homenaje de recuperar su memoria con el deseo de que los lectores hagan lo propio con al menos una parte de su obra y, especialmente, con sus memorias, caso de que las hubieran escrito.
FEMINISMO NEGRO
por Ignacio G. Berbero
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| Sojourner Truth |
Tendemos a pensar que el feminismo es una corriente de pensamiento unitaria y definida cuyas reclamaciones son claras y concisas. La razón es que concebimos y tratamos a todas las mujeres (y hombres) sin hacer depender su identidad de la cultura y las condiciones materiales que las han visto nacer. Esta visión abstracta y universalista pertenece al feminismo occidental, que no hace más que reproducir los principios de racionalidad, igualdad y autonomía individual de la Ilustración filosófica. Ahora bien, yendo más allá de nuestras propias narices conceptuales y observando con atención los numerosos movimientos en pos de la liberación de las mujeres que se han dado a lo largo de la historia, hemos de reconocer la variedad epistemológica de las reflexiones feministas que proceden de distintos ámbitos culturales. No todas son iguales.Una de esas tradiciones “diferentes”, la que aquí nos ocupa, es el feminismo negro de los EE. UU., surgido en un contexto esclavista y, por lo tanto, racista. Esta línea de pensamiento se articuló, originalmente, en torno a la crítica feroz del concepto de género, ya que éste formaba parte del sistema de relaciones jerárquicas de raza, a saber: el poder hegemónico de su tiempo construyó a las mujeres negras como no-mujeres. No sólo eran reprimidas en razón de su sexo-género, como las mujeres blancas, sino, además y de manera sistemática, por el color de su piel, lo que las convirtió en seres irrelevantes, sin reconocimiento ni legitimidad. Ni siquiera eran tenidas en cuenta por el movimiento feminista, tan presente en la realidad norteamericana del S.XIX, ya que, según la lógica de dominación, no “eran” mujeres.En consecuencia, los discursos de género del feminismo negro necesariamente tuvieron que partir de una negación, de una exclusión, de un angustioso interrogante: “¿Acaso no soy una mujer?”. Así, curiosamente, fueron tituladas las palabras que Sojourner Truth -nacida como esclava bajo el nombre de Isabella Bomefree pero liberada en su juventud- pronunció en la Convención de los Derechos de la Mujer de 1851. La única mujer negra de la sala, indignada ante los continuos comentarios sexistas de los hombres, expresó su malestar con un discurso espontáneo y radical que supuso la fundación del feminismo negro. Usó un lenguaje personal que le ayudó a deconstruir la categoría hegemónica de mujer (blanca), una categoría desde la cual era negada, reivindicando su propia identidad en tanto que mujer (negra); un doble proceso simultáneo, de reclamación y reconstrucción de la identidad, que dio cuerpo y alma a un enorme grupo de féminas.El feminismo negro goza de muy buena salud en la actualidad; pensadoras como Angela Davis continúan ayudándonos a comprender lo que la iletrada y sabia Sojourner Truth esbozó hace más de siglo y medio. No debemos bajar la guardia, porque esta tradición filosófica no sólo nos habla de los derechos de una parte importantísima de la población mundial, sino de los prejuicios etnocentristas que suelen dominar nuestros análisis de la realidad y fomentan, involuntariamente, el ocultamiento de demandas más que legítimas. Sin más preámbulos, les dejamos con una selección de alegatos de la protagonista de esta entrada:“Soy una mujer de pleno derecho. Tengo tanta fuerza como un hombre y puedo trabajar tanto como uno de ellos. He arado y he cosechado, he quitado la cáscara al grano y he talado y he segado, ¿acaso un hombre puede hacer más? He escuchado mucho acerca de la igualdad de los sexos; puedo cargar tanto como un hombre y puedo comer tanto como él, si consigo alimento. Soy tan fuerte como cualquier hombre que exista. En cuanto a la inteligencia, todo lo que puedo decir es que si una mujer puede contener una pinta y un hombre un cuarto, ¿por qué no puede tener la mujer su pinta llena? No tenéis que temer concedernos derechos por miedo a que obtengamos demasiado, en tanto que sólo podemos contener una pinta. Parecería que los pobres hombres están confundidos y no saben qué hacer. ¿Por qué, hijos? Si tenéis en vuestras manos los derechos de la mujer, dádselos y os sentiréis mejor. (1851)(…) Hemos sido muy afortunadas de haber acabado con la esclavitud, parcialmente, no de forma completa. Quiero destruirla de raíz. Entonces sentiremos de verdad que somos libres; que podemos ocupar cualquier lugar accesible a aquel que ha conseguido sus derechos. Creo que si tengo que responder por los pecados de mi cuerpo exactamente lo mismo que un hombre, tengo el derecho a tener exactamente lo mismo que tiene un hombre.El hombre de color ha conseguido sus derechos, pero nadie […] se preocupa por los derechos de las mujeres de color. Vaya, el hombre de color será dueño de la mujer y sencillamente estaremos tan mal como antes. Ahora que las cosas están agitadas, quiero seguir agitando hasta que se pongan bien del todo. Porque si paramos, será un trabajo terriblemente duro arrancar la máquina de nuevo. Así que pido esto a las mujeres. Las mujeres blancas saben mucho; las mujeres de color ―esto es, las que han sido liberadas recientemente― no lo saben. Los hombres de color aprenderán, como el resto de los hombres, a ser una especie de amos. Tratarán de ser los amos de sus esposas de color.Una mujer no puede reclamar nada como suyo. ¿Por qué? Ella está en la misma posición que él. Ella no puede llevarse dinero a su propio bolsillo, pero él lo puede coger. Él puede gastarse su dinero y coger el de ella. Ella no puede comprar lo que quiere para sí misma y sus hijos. El hombre reclama su dinero, su cuerpo, y todo para él.Vemos a pobres mujeres que vienen a ser juzgadas por hombres. Si vamos a ser juzgadas por hombres, ¿por qué no podemos formar parte del asunto y juzgarles a ellos también?(…) Si es indecente que las mujeres estén allí, entonces tampoco es decente para los hombres. Nadie debería estar en un sitio que no fuera lo sufi cientemente decente para las mujeres. (…)Yo he trabajado tanto como la mayor parte de los hombres. Si yo trabajo tanto como un hombre, ¿por qué no me pueden pagar como a él?Si yo escribo y hago cuentas tan bien como un hombre, ¿por qué no puedo ganar tanto dinero como él? Ellos no hacen más que yo ¿Por qué tienen que tener una paga mayor? Como las mujeres alemanas, ellas hacen tanto trabajo como los hombres, pero él gana un dólar y ella gana medio. Porque es una mujer. Ella, si puede, come tanto como un hombre. Nadie debería juzgar cuánto come una mujer, o cuánto juicio tiene ―son cosas que no se pueden evitar. Yo he conocido a mujeres que tenían mucho más juicio que los hombres. He hablado con ellas. Dadles una oportunidad. Esto es lo que los hombres temen ―tienen miedo de que las mujeres los degraden. Las mujeres deberían superar a los hombres durante algún tiempo para que ellos vuelvan a su sitio”Pero a los hombres les da miedo dar a las mujeres sus derechos. Incluso se educa a los niños para que les digan a las mujeres: «Oh, sólo eres una mujer, tú no sabes». Les hablan así a sus madres. Como Adán cuando Dios le preguntó qué había estado haciendo, culpó de todo a Dios y a la mujer. Igual que los niños, que cuando crecen le echan la culpa a la mujer.Dijo que los hombres habían tenido a las mujeres como esclavas tanto tiempo que pensaban que les pertenecían, igual que los esclavistas tenían esclavos y pensaban que eran de su propiedad. Estuvo en Washington tres años. Pensaba que las mujeres de color de Washington debían poder votar igual que los hombres de color. Quería que todo el mundo defendiera la igualdad de derechos.” (Fuente del texto de Sojourner Truth: “Feminismos negros. Una antología”, obra editada por Traficantes de Sueños)
Ecofeminisme
El ecofeminismo es una corriente de pensamiento ambientalista de corte feminista, aparecida en Europa en el último tercio del siglo XX, la cual se caracteriza por la diversidad de subcorrientes en el ámbito sociocultural, político y activista, entre otros.
Las primeras conexiones entre el feminismo y la ecología que dieron origen al ecofeminismo se encuentran en las utopías literarias de las feministas de los años setenta. En ellas se define una sociedad en la que las mujeres viven sin opresión, lo que implica la construcción de una sociedad ecológica, descentralizada, no jerárquica y no militarizada, con democracia interna y en la que prevalece el uso de tecnologías más respetuosas con el medio ambiente, etc.
: Françoise d'Eaubonne, en 1974, “adoptó por primera vez el término de ecofeminismo para representar el gran potencial de las mujeres al iniciar una revolución ecológica que conllevó nuevas relaciones de género entre hombres y mujeres y otra muy distinta entre los seres humanos y la naturaleza”. (Juncadella)
Estados Unidos dominó las primeras aportaciones a la corriente ecofeminista desde sus inicios, aunque en éste país no fue precisamente donde surgió el movimiento, ya que casi al mismo tiempo en países como Francia, Alemania, Italia, Japón, Venezuela, Australia y Finlandia inició el movimiento ecofeminista. (Mellor, 2000).
El ecofeminismo en Estados Unidos giraba en torno a dos corrientes: el feminismo radical/cultural/espiritual, el cual resaltaba la que tendía a resaltar la similitud "natural" de las mujeres con el mundo natural y por otro lado el que se orientaba hacia perspectivas políticas más sociales derivadas del socialismo y el marxismo. (Mellor, 2000) Anteriormente se mencionaron algunos de los enfoques de ecofeminismo, que a continuación se explicarán más a detalle. Empecemos por el ecofeminismo radial, el cual surgió del feminismo romántico, en donde la federación mujeres progresistas dice “El ecofeminismo radical destaca las conexiones históricas, biológicas y sociales entre la naturaleza y las mujeres y considera que la explotación (con sus inicios en la prehistoria) y opresión de ambas es consecuencia del dominio del hombre y del orden patriarcal”. (FMP)Corrientes
De la filosofía ecofeminista actualmente existen varias tendencias, algunas de corte esencialista y otras constructivistas. Por lo tanto, es difícil resumir sus premisas. No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural.
El ecofeminismo nació como contestación a lo que desde ese movimiento definen como «apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción» (es decir, de la fertilidad de la tierra y de la fecundidad de la mujer que habría derivado más tarde en eldesarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista. Según el ecofeminismo, la apropiación a que nos referimos un poco más arriba se habría traducido en dos efectos perniciosos: la sobreexplotación de la Tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina. Algunas teóricas suponen la existencia de una época remota en la que el patriarcado no existía y la vida transcurría en comunidades pacíficas e igualitarias que rendían culto a una Diosa que representaba la fertilidad y potencia de la Naturaleza. Françoise d'Eaubonne es la feminista francesa que creó el término "ecofeminismo" a mediados de los años setenta del siglo XX.
PERSPECTIVAS
PERSPECTIVAS
Pensar en un sociedad anterior al patriarcado, es decir una sociedad matriarcal, en donde lo femenino gozaba de un mayor prestigio, simboliza en dicha sociedad la biología de la mujer, su capacidad para crear vida, y la naturaleza ( madre-tierra). La capacidad de crear vida y la naturaleza eran festejadas a partir del predominio de divinidades femeninas que hacían referencia a la fertilidad y a la madre naturaleza sobre las masculinas. Pese a lo dicho el patriarcado supuso la imposición de los valores masculinos y la substitución de las diosas por los dioses.
El feminismo ecologista menciona que existe una relación con las mujeres y el medio ambientes el cual tomará formas distintas contemplando a la clase social, casta, raza, etc, a la que pertenecen. Dicho factores determinarán la relación que hay entre las mujeres y las organización de producción, distribución y reproducción. ( FMP) El feminismo ecologista, según Bina Agarwal , reconoce que la destrucción ambiental afecta en especial a las mujeres y al conjunto de las poblaciones pobres de los países del "Tercer Mundo", pero al analizar sus mecanismos atribuye una parte de la responsabilidad a los grupos dominantes que monopolizan el poder, la propiedad y el privilegio y control de los recursos. Con lo anterior propuesto, el ecofeminismo toma de los dos movimientos, tanto del feminista como del ecologista, información necesaria para proponer objetivos claros como lo son la igualdad de derechos, y así trabajas en la construcción de alternativas teóricas y prácticas. (FMP)
TIPOS DE ECOFEMINISMO
TIPOS DE ECOFEMINISMO
- El ecofeminismo radical es la “recuperación de los valores matriarcales y la implantación de la cultura femenina, convirtiendo el rol importante que juegan las mujeres en la preservación de la especie en un instrumento de poder para las mujeres y en un activismo ecológico propio”. (FMP)
- El ecofeminismo liberal el cual tiene sus bases en el feminismo de la igualdad, considera que el desgaste ambiental es el resultado de la instauración de un modelo de desarrollo economicista que no utiliza los recursos naturales conscientemente y no considera sus impactos negativos sobre el medio ambiente. (FMP).El ecofeminismo liberal tienen un punto de vista diferente respecto a la explotación de las mujeres, ya que piensan que es el resultado de la situación marginal en la que se les mantiene. Además de pensar que la conexión entre mujeres y medio ambiente no tiene una base biológica, no creen que hombres y mujeres, deban tener actitudes distintas respecto a la naturaleza ya que a han realizado actitudes en donde a veces no respetan al medio ambiente. (FMP).
Siguiendo con información de la página de federación de mujeres progresistas, “Las ecofeministas que defienden esta corriente proponen reformas medioambientales en base a una mejor aplicación de la ciencia moderna acompañada de una legislación que asegure el cumplimiento de las condiciones necesarias para un desarrollo ecológicamente sostenible”. Su planteamiento ecológico es fundamentalmente conservacionista. Es decir, que las mujeres deben tener la oportunidad de participar en todas las decisiones como la gestión de los recursos naturales, la preservación de un medio ambiente saludable y la defensa de la calidad de vida. (FMP)
“Es la experiencia al actuar desde una posición marginal respecto a la toma de decisiones del poder dominante y no la maternidad, la que coloca a las mujeres en una posición privilegiada respecto a los hombres para proponer y elaborar propuestas alternativas viables respecto al medio ambiente” (FMP). Es decir, el medio ambiente, es una construcción social, distante al concepto de la madre naturaleza; y respecto a la defensa por parte de las mujeres se afirma en la lucha contra todas las formas de opresión del sistema patriarcal.
- El ecofeminismo cultural que se centra en las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y establece un vínculo idealista entre la mujer y la naturaleza debido a la posibilidad de las mujeres de dar a luz. Este enfoque es harto especulativo, y parece albergar implícitamente una concepción naturalista de las convenciones, es decir, de las leyes que deberían regular por naturaleza el accionar vital de la mujer, lo cual es paradójico.
- El ecofeminismo socialista reflexiona “que los problemas medioambientales son exclusivos al patriarcado y al capitalismo que justifica la explotación de la naturaleza mediante la técnica para facilitar el progreso, entendido principalmente como crecimiento económico” (FMP). Las ecofeministas socialistas proponen la creación de una sociedad socialista en donde exista una mejor relación entre los géneros, además de una nueva relación con la naturaleza, donde no exista el capitalismo y que garantice una buena calidad de vida para todos y todas. El capitalismo no sólo está afectando a los medios de producción como la agricultura de subsistencia y la artesanía, en donde los hombres y mujeres trabajaban lo mismo pero otorgando un valor menor a las mujeres, si no que ha liberado a los hombres de la naturaleza, otorgándole medios para explotarla para su beneficio valiéndose de la explotación de mujeres.
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