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Fadwa Tuqan (1917 - 2003). POETISA PALESTINA



Escritora palestina, nacida en Nablús el 1 de marzo de 1917; es conocida como la “Gran Dama” de las letras palestinas, y está considerada como una de las mejores plumas de la poesía árabe del siglo XX. Nacida en el seno de una distinguida familia de intelectuales y políticos, era hermana de otro destacado poeta, Ibrahim Tuqan, que la llevó consigo a Jerusalén donde ambos estudiaron literatura en escuelas e institutos cristianos. Empezó su vocación literaria escribiendo en la forma tradicional, si bien con el tiempo se convirtió en una de las pioneras en el uso del verso libre en la poesía árabe. Vivió casi siempre en su ciudad natal, en medio de cierto clima de recogimiento, aunque también tuvo intervenciones públicas en la dura lucha socio-cultural y política de su pueblo. De su pluma brotaron varios libros de poemas entre los que se encuentran:
Sola con los días, 1952; La encontré, 1957; Danos amor, 1960;
Ante la puerta cerrada, 1967; El comando y la tierra, 1968; La noche y los jinetes, 1969; Sola en la cumbre de este mundo,1974, y una apasionada biografía de su hermano, Mi hermano Ibrahim, 1946.La poesía de Fadwa refleja, por un lado, una sensibilidad femenina tradicional: lírica e intimista, apasionada y contenida, bañada en una tenue e irisada luz de anhelo y nostalgia frágil.
Pero a medida que avanza el siglo XX y la historia de su país
se complica (en un proceso en el que pierde a varios miembros de su familia), Fadwa sabe alzarse también a una poesía
matrialcal de indudable alcance épico y tono heroico. Paulatinamente su escritura se politiza, la autora opta por el verso libre y termina convirtiéndose en un icono de la lucha de la resistencia de su patria.
Durante las últimas décadas Fadwa vivió en su ciudad natal, alterando el recogimiento y las intervenciones públicas, hasta su muerte el 12 de diciembre de 2003.
Desde entonces ella descansa en su tierra Palestina, tal y como deseaba, según había expresado en su más hermoso y esperanzado poema “Sólo quiero estar en su seno”.




PINCELDAS DE SU OBRA POÉTICA


Sólo quiero estar en tu seno
Sólo quiero morir en mi tierra,
Que me entierren en ella,
Fundirme y desvanecerme en su fertilidad
Para resucitar siendo hierba en mi tierra,
Resucitar siendo flor
Que deshoje un niño crecido
En mi país.
Sólo quiero estar en el seno de mi patria
Siendo tierra
Hierba
O flor


Polvo
El final
de mi largo camino
hasta donde yo llegue, en cualquier destino,
es el premio de los años
no el de llegar.
¿Porqué me apresuro? ¿Qué quiero
de mi viaje
por esos desiertos
como una sombra fugitiva?
Mis pies consumidos por las rocas
las olas del viento que siguen dando vueltas
y vueltas conmigo
mientras yo sigo a través de este vacío
de esta soledad.
Polvo, polvo
delante y detrás mío; a mi alrededor, polvo.
Corro y corro; y en mis manos
solo la ilusión, nada.
Cansada, cansada.
El final
de mi largo camino,
aunque éste se alargue,
de cualquier destino,
es el premio de los años,
no el de llegar.


El diluvio y el árbol
El día en que el diabólico ciclón se propagó tiránico.
El día en que costas salvajes arrojaron
el oscuro diluvio
contra la tierra buena y verde,
gritaron (y a través de los aires, sus “albricias”
resonaron por todas las agencias):
Ha caído el árbol.
El poderoso tronco está aplastado.
Ya, ni un asomo de vida para el árbol
dejó la tempestad.

El árbol ha caído...
¡Perdón, rojos arroyos!
¡Perdón, raíces regadas
con el vino que sangran los cadáveres!
¡Perdón, raíces árabes,
hundidas como rocas en la entraña,
y que cada vez más os entrañáis!

El árbol se alzará.
El árbol se alzará, y sus ramas,
al sol, irán creciendo;
en risas verdeciendo, y en hojas,
cara al sol.
Y el pájaro vendrá,
no tiene más remedio que venir.
El pájaro vendrá.
El pájaro vendrá.


No lloraré
A las puertas de Yafa
amigos míos,
y entre el caos de escombros
de las casas,
entre la desnutrición
y las espinas, dije a los ojos,
quieta:
deteneos... Lloremos
sobre las ruinas
de quienes se han marchado
abandonándolas.

La casa está llamando a quien la edificó
La casa está dando el pésame por él.

Y el corazón, deshecho, gime
y dice:
¿Qué te han hecho los días?
¿Dónde están los que antes te habitaban?
¿Has sabido de ellos?
¿Has sabido tras su partida?

Aquí soñaron, aquí estuvieron
y trazaron los planes del mañana.
Más, ¿dónde están los sueños y el mañana?
Y, ¿dónde, dónde ellos?

¿Cómo van a aplastarme las heridas?
¿Cómo podrá aplastarme la desesperación?
¿Cómo voy a llorar ante vosotros?...


A G. H. en nuestra cita
Extraño amigo mío...
Si pudiera llegarte como
ayer. Si asesinas serpientes
no hubieran alborotado todos los caminos, cavando tumbas para mis
gentes y mi pueblo, sembrando muerte y fuego.
Si no hubiera regado la derrota la tierra de mi patria
con piedras vergonzosas, injuriantes. Si este corazón que tú conoces
fuera el mismo que ayer,
y no sangrase por la puñalada.
Si hoy, amigo mío, como ayer, pudiera envanecerme de mi gente, de
mi casa y mi fuerza,
ya mismo me tendrías a tu lado.
Amarrando a las playas de tu amor el barco de mi vida.
Y seríamos igual que dos pichones.






La mano negra del Colonialismo y la Otán en Libia.

"La Libia de Gadafi era un Estado laico en el que las mujeres gozaban de un marco de libertad y derechos"Las mujeres en la Libia pos-Gadafi: Bajo una abaya de silencio cómplice.
Hace algún tiempo que las mujeres estamos siendo utilizadas y manipuladas por los partidos del sistema, especialmente por los del espectro social-liberal. Algunas de estas manipulaciones -denuncia nuestra colaboradora Tita Barahona - han tenido consecuencias bastante dramáticas de las que queremos llamar la atención, especialmente las que se han aplicado en los ataques militares promovidos por los EEUU y sus súbditos de la OTAN, con la inestimable ayuda de las fundaciones y ONG's que sirven de pantalla a sus servicios secretos y, por supuesto, los medios de comunicación corporativos encargados de la propaganda de guerra (...).
POR TITA BARAHONA 
Hace algún tiempo ya que las mujeres estamos siendo utilizadas y manipuladas por los partidos del sistema, especialmente por los del espectro social-liberal, tan aficionado a las identidades o diversidades de todo tipo (raza, género, religión...) excepto la de clase. Así, por ejemplo, quieren hacernos creer que el feminismo consiste en la “igualdad de género”, y ésta en la presencia paritaria de mujeres en las listas electorales, órganos de gobierno y consejos de administración empresariales. Nos utilizan a nosotras y a nuestros movimientos de emancipación de diversas maneras. Algunas las hemos tratado en otro lugar (1). Otras han tenido consecuencias bastante dramáticas de las que queremos llamar la atención, especialmente las que se han aplicado en los ataques militares promovidos por los EEUU y sus súbditos de la OTAN, con la inestimable ayuda de las fundaciones y ONG's que sirven de pantalla a sus servicios secretos y, por supuesto, los medios de comunicación corporativos encargados de la propaganda de guerra.
 Recordemos cómo, durante la invasión de Afganistán en 2001, el pretendido carácter humanitario de dicha intervención se intentó justificar, entre otras cosas, en que los talibanes obligaban a las mujeres a llevar burka y les impedían asistir a la escuela. Hubo auténticas campañas por tierra, mar y aire contra la condenada prenda. No obstante, una vez instalado el gobierno títere de Hamiz Karzai, las afganas siguieron viéndose obligadas a llevarla, pero esto dejó de ser noticia y así ha permanecido hasta hoy. Algo similar ha sucedido con el ataque a Libia en 2011. También aquí hubo utilización propagandística de las mujeres y sus derechos, aunque en este terreno el país norteafricano representaba un caso muy distinto al afgano y el “relato”, por tanto, debía ser distinto.
La Libia de Gadafi era un Estado laico en el que las mujeres gozaban de un marco de libertad y derechos reconocidos incomparable con el de muchos otros países del mundo islámico. No había códigos de vestimenta obligatorios, ellas se movían en los espacios públicos solas, sin necesidad de ir acompañadas de un “guardián”; podían conducir, elegir marido libremente, ya que los matrimonios forzados estaban prohibidos por ley; podían divorciarse a iniciativa propia sin que el marido pudiese impedirlo, trabajar fuera de casa sin permiso marital, estudiar cualquier carrera; de hecho, las mujeres eran casi la mitad del alumnado universitario, con importante presencia en las profesiones liberales (abogacía, periodismo, enseñanza, etc.) y el ejército; y tenían acceso a becas para estudiar fuera de Libia.
 Difícilmente, por tanto, podía tomarse el argumento de la defensa de los derechos de las mujeres para justificar el derrocamiento del gobierno de Gadafi. Sin embargo, como veremos en seguida, la prensa corporativa utilizó a un grupo de mujeres libias, todas profesionales (juristas, periodistas, académicas...) y de familias acomodadas, para presentar la particular “primavera árabe” libia, iniciada en la ciudad de Benghazi, como demanda de democracia y derechos de las mujeres. Algunas, por cierto, se habían beneficiado de las becas que otorgaba el gobierno libio para estudiar en el extranjero.
Como en el caso de la invasión de Irak en 2003, el ataque sobre Libia en marzo de 2011 por las fuerzas de la OTAN fue precedido y acompañado de una campaña mediática de desprestigio y ataques personales a su jefe de Estado, Muamar el Gadafi, a quien se acusó infundadamente de “matar a su pueblo” y de suministrar Viagra a sus soldados para violar a mujeres y niños. Los medios norteamericanos, británicos y franceses, principales artífices de la invasión, comenzaron a hablar de la situación de las mujeres en Libia por boca del selecto grupo de mujeres antes referido, que colaboraron en el apoyo logístico a los llamados “rebeldes” y en la propaganda para presentarlos como legítimos defensores de la democracia. Así, por ejemplo, Nadya Khalife, investigadora a sueldo de Human Rights Watch (Observatorio de Derechos Humanos), declaraba a un medio norteamericano que las ventajas de que habían gozado las libias no eran suficientes, porque “los derechos legales no siempre se traducen en hechos”. Claro, como en todas partes. Aquí, en España, por ejemplo, tenemos completa igualdad formal, sólo que un poder judicial copado por el Opus Dei se encarga de entorpecer las condenas a violadores y maltratadores. Pero más lejos aún se atrevía a ir un informe de la fundación Freedom House, citado en el mismo artículo, según el cual “el gobierno autocrático de Gadafi ha sido el principal obstáculo en la lucha por los derechos de las mujeres en Libia.
La BBC no podía faltar a la fiesta de la propaganda en modalidad “derechos de las mujeres”. Poco después del brutal asesinato de Gadafi en octubre de 2011, dirigido y celebrado con risotadas por la WarLady Killary Clinton -que entre los genocidas también rigen las cuotas-, dicho medio sacaba el titular Las mujeres libias luchan por su empoderamiento”. En esta noticia se hablaba con orgullo de las mujeres que colaboraron con los “rebeldes”, de las que volvían del exilio a Libia y estaban la mar de contentas de haber logrado colocar a dos ministras en el nuevo gobierno salido de las elecciones “libres” del verano de 2012. Para este grupo de mujeres, elegantemente vestidas según la periodista, Libia era un país muy conservador y machista, pero ya se había liberado y estaba surgiendo una nueva generación de “activistas por los derechos de las mujeres”, que demandaba un 40 por ciento de cuota en la comisión parlamentaria que redactaría la nueva constitución al año siguiente. Sin embargo, por el horizonte ya se vislumbraban nubes negras, tan negras como las banderas del ISIS. Mientras estas mujeres declaraban que estaban “practicando democracia”, el presidente del Consejo Nacional de Transición, Mustafa Abdul Jalil, acababa de anunciar que estaba a favor de abolir las leyes que impedían la poligamia e implantar la Sharía (ley islámica) en territorio libio.
En diciembre de 2012, la misma BBC daba a conocer que una de las “activistas” libias más famosas, la académica Magdulien Abaida, cuya misión había consistido en presentar una buena imagen de la “revolución” libia en Europa y ayudar a los “rebeldes”, había vuelto a Libia desde su exilio dorado de Gran Bretaña, para contribuir a la “transición democrática” y promover los derechos de las mujeres. Sin embargo, lo que se encontró fue un país sumido en el caos. Las fuerzas “democratizantes” de la OTAN estaban facilitando que los grupos tribales y las fuerzas yihadistas, filiales de Al Qaeda, a las que habían armado hasta los dientes, se repartiesen el territorio libio creando, de hecho, micro-estados fuera del control del recién elegido gobierno central, matando, violando, torturando y saqueando a la población civil. Cuando Magdulien Abaida se presentó en Benghazi en el verano de 2012 para dar una conferencia sobre el estatus de las mujeres en la “nueva Libia”, un comando islamista la secuestró y amenazó de muerte por dos veces consecutivas. Como probable colaboradora de los servicios secretos británicos, la soltaron ilesa y a día de hoy sigue dando clases de Derecho en la Universidad de Londres. De haber sido una mujer del pueblo, a buen seguro no habría vivido para contarlo.
En esos días, sin embargo, pese al reconocimiento de que en Libia se estaban produciendo graves abusos de los derechos humanos, la BBC seguía congratulándose de los cientos de millones de libras que se había gastado su gobierno en la operación militar, porque se estaba progresando hacia la democracia por las elecciones que habían tenido lugar aquel verano de 2012. De nuevo, un selecto grupo de libias afincadas en Gran Bretaña cifraban los avances de las mujeres de su país en que había 33 mujeres en el Congreso y dos ministras, incluso ante la evidencia de que el gobierno  central ya no controlaba nada.
La destrucción del Estado libio derribó las barreras que protegían de la barbarie a la población libia de raza negra, a los inmigrantes subsaharianos y a las mujeres. Los horrores que vinieron después y la complicidad en ellos tanto de la OTAN como de los partidos y fuerzas “progresistas” que apoyaron el ataque, ya fueron señalados y denunciados en su momento en este y otros medios.
Los grandes medios corporativos callaron. Ya no hablaron más de los avances que estaban haciendo las mujeres libias, ni de la gran paz en democracia que había conseguido el pueblo libio gracias a la “intervención humanitaria” de 2011. Han sido informes recientes de las mismas agencias de derechos humanos que fueron cómplices en la propaganda de guerra, los que están sacando a la luz una parte de lo que supone actualmente la vida para las mujeres en los diferentes reinos de taifas que controlan las milicias islamistas. En la ciudad de Sirte, por ejemplo, el Estado Islámico ha impuesto la Sharía. Las mujeres deben llevar obligatoriamente la tradicional abaya, pero de color negro y sin adornos, además del niqqab, que sólo deja ver ligeramente los ojos. Las faltas se castigan con latigazos a los guardianes de las mujeres, que tienen prohibido salir de sus casas sin la compañía de estos, incluso para hacer la compra.
También las privilegiadas “defensoras de los derechos humanos de las mujeres” han publicado informes en los que denuncian estas situaciones, a las que, por cierto, ellas han contribuido.
Más mediático está siendo el mercado de esclavos que se ha establecido en territorio libio, aunque las noticias que llegan lo hacen descontextualizadas, presentándolo como un problema de “mafias”, con las que nuestros países “civilizados” no tienen nada que ver. Un reciente informe de Itermon Oxfam da detalles espeluznantes de cómo miles de migrantes y refugiados, procedentes de los países que EEUU y la OTAN están destruyendo en Oriente Medio, son raptados, esclavizados, torturados y violados, ellos y ellas; encerrados y atados como animales, vendidos al mejor postor. El cierre de fronteras de los países de la UE, responsables de estos desastres, hace que miles de personas estén quedando atrapadas en el infierno en que han convertido a Libia.
Sin duda, las mujeres de las clases populares libias que han sobrevivido al horror, las que un día tuvieron una vida digna y hoy no son más que juguete de los ogros islamistas, escupirían, si pudieran, a la cara bonita de las exiliadas de lujo, y a la de todos los que jalearon la destrucción de uno de los pocos estados laicos y prósperos que quedaban en la región. Los nombres de los cómplices en el Estado español los conocemos. No fueron sólo el PP y el PSOE, sino también los sindicatos de concertación -CCOO y UGT- y las fuerzas así llamadas progresistas. Las mujeres libias, las mismas a las que se quería salvar de la tiranía de Gadafi, hoy ya no importan, sobre ellas han arrojado un vergonzoso manto de silencio cómplice aquellos y aquellas que apoyaron y apoyan las aventuras imperialistas de los EEUU y sus lacayos de la OTAN. Las mujeres somos en sus discursos falaces, objetos de usar y tirar. Denunciemos este tipo de instrumentalización, porque, al fin y a la postre, como demuestra el caso libio, quienes llevamos la peor parte somos las mujeres más desfavorecidas de la clase trabajadora, ya seamos blancas, negras, heteros, homos, altas o bajas.

ECOFEMINISMO


El ecofeminismo es la corriente del feminismo que integra la temática ecologista. El término es creado por la ecofeminista francesa Françoise d'Eaubonne en 1974 y se desarrolla sobre todo en Estados Unidos en el último tercio del siglo XX. Existen una diversidad de subcorrientes en el ámbito sociocultural,

Inicios
Las primeras conexiones entre el feminismo y la ecología que dieron origen al ecofeminismo se encuentran en las utopías literarias de las feministas de los años setenta. En ellas se define una sociedad en la que las mujeres viven sin opresión, lo que implica la construcción de una sociedad ecológica, descentralizada, no jerárquica y no militarizada, con democracia interna y en la que prevalece el uso de tecnologías más respetuosas con el medio ambiente, etc. Las ideas ecofeministas surgieron en distintos países entre ellos Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón, Australia, Finlandia, Venezuela, por la influencia del conocimiento de los problemas ecológicos. Una bióloga marina y periodista científica Rachel Carson ya en 1962 había denunciado las fumigaciones de DDT que mataban a los pájaros y a través de la cadena alimentaria envenenaban poco a poco a los seres humanos. Carson no era una pensadora feminista pero influyó notablemente en el ecofeminismo posterior.
Françoise d'Eaubonne, creadora del término ecofeminismo en 1974, sostuvo la existencia de un matriarcado originario que implicaba unas relaciones sociales de equidad entre hombres y mujeres. Más tarde este matriarcado sería reemplazado por un dominio absoluto de los varones sobre la fertilidad de las mujeres y de la tierra. La destrucción medioambiental contemporánea sería el resultado de esa historia de dominio patriarcal
El ecofeminismo nació como contestación a lo que desde ese movimiento definen como apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción, (es decir, de la fertilidad de la tierra y de la fecundidad de la mujer) que habría derivado más tarde en el desarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista. Según el ecofeminismo esta apropiación habría producido dos efectos perniciosos: la sobreexplotación de la tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina.
Otra de las autoras iniciales fue Susan Griffin con su libro Women and nature:The Roaring Inside Her (1978) una obra de gran poder evocador poético que llama a recuperar el contacto de las mujeres con la naturaleza, un contacto perdido por la dominación patriarcal.Algunas de las autoras iniciales eran teólogas feministas, entre ellas Rosemary Radford Ruether o Mary Daly.
En Estados Unidos el ecofeminismo giró en torno a dos corrientes: el feminismo radical/cultural/espiritual, el cual resaltaba la que tendía a resaltar la similitud "natural" de las mujeres con el mundo natural y por otro lado el que se orientaba hacia perspectivas políticas más sociales derivadas del socialismo y el marxismo.

Movimientos de los años 1970
En 1973, en el norte de la India las mujeres del Movimiento Chipko lograron proteger los bosques comunales abrazándose a los árboles en un acto de protesta pacífica que impedía su tala. Estas mujeres demostraron el valor del medio ambiente y lo defendieron en nombre del principio femenino de la naturaleza.
En 1977, Wangari Maathai creó el Movimiento del Cinturón Verde de Kenia un programa rural de plantación de árboles para prevenir la desertificación alrededor de los pueblos logrando plantar más de 50 millones de árboles. Al mismo tiempo que frenaba la desertificación tenía un contenido social dando trabajo a mujeres pobres.
En 1978 en Nueva York la activista ambientalista Lois Gibbs lideró las protestas tras descubrir que su barrio Love Canal había sido construido sobre un vertedero tóxico. Muchos niños habían enfermado por esta causa que también producía problemas reproductivos en las mujeres. El movimiento fue un éxito y logró que el gobierno federal llevara adelante la evacuación y realojamiento de cerca de 800 familias.

De los años 1980 a la actualidad
Si en un principio las tesis ecofeministas eran de corte esencialista con autoras como Mary Daly, en los años 90 se produce un giro constructivista.​ No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural.
En los años 80 y 90 el ecofeminismo explora nuevas intersecciones entre feminismo y otros movimientos de liberación y justicia social. Examina la relación entre género, raza, clase, naturaleza, especies y colonialismo. Se inspiran en las políticas de los partidos verdes, los movimientos pacifistas y de acción directa.
Uno de los textos más influyentes es The Death of Nature (1980) de Carolyn Merchant que estudia la evolución del concepto de naturaleza desde el renacimiento a la modernidadmostrando la relación entre el imaginario filosófico y la aparición del capitalismo que reduce la naturaleza a materia prima.
A finales de los 80 surge una importante obra proveniente del Sur, Staying Alive (1988) de Vandana Shiva que critica el "mal desarrollo" que Occidente impone al resto del mundo. En 1990 Carol Adams publicó La política sexual de la carne explorando la relación entre la opresión de las mujeres en nuestra sociedad y la explotación animal. En él plantea un ecofeminismo vegetariano.
En Australia destacan dos importantes pensadoras: la socióloga Ariel Kay Salleh y la filósofa Val Plumwood. Ambas han establecido un diálogo crítico con la ecología social y la ecología profunda. En América Latina la teóloga brasileña Ivone Gebara desarrolla su obra ecofeminista desde la Teología de la Liberación.Constituye un referente para el colectivo ecuménico ecofeminista Con-spirando ​ La estadounidense Karen Warren categorizó un marco conceptual opresivo o Lógica de la Dominación que sería común a todas las formas de opresión. En España la filósofa ecofeminista Alicia Puleo plantea un ecofeminismo crítico no esencialista, que tanto en la ética de la vida cotidiana cómo en los movimientos sociales permitiría avanzar hacia una convivencia de respeto y justicia hacia la naturaleza.

Argumentos comunes
El ecofeminismo señala que en el orden simbólico patriarcal existen conexiones importantes entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, aunque dicha relación se interprete de manera distinta de acuerdo con cada enfoque ecofeminista.
El ecofeminismo denuncia la asociación que el patriarcado establece entre las mujeres y la naturaleza. Algunas de sus representantes, de corte esencialista, argumentan que la biología de las mujeres, su cuerpo (característica que las capacita para gestar y crear vida), hace que estén en una posición de mayor proximidad a la naturaleza, lo que permite su identificación con ella. Según este enfoque, los hombres, guiados por la razón, en oposición a la intuición femenina, pertenecen al mundo de la cultura. Por su capacidad para controlar y transformar la naturaleza, la cultura se considera superior a la naturaleza. Los binomios mujer-naturaleza y hombre-cultura y la superioridad de la cultura sobre la naturaleza en el patriarcado explican que las mujeres sean consideradas inferiores a los hombres.
El ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común, lo que sitúa a las mujeres en una situación privilegiada para acabar con dicha dominación.

Vandana Shiva

Vandana Shiva, ecofeminista de la India, filósofa y activista altermundialista, fue una de las primeras en denunciar el deterioro de las condiciones de vida de las mujeres del Tercer Mundo causado por el mal desarrollo. Es pacifista, seguidora de Gandhi, premio Nobel alternativo y premio Vida Sana 1993. Ha sido capaz de movilizar en la India a 5 millones de campesinos contra la Unión General de Tarifas de Comercio (GAT) y de ponerse a la cabeza de la gran movilización en contra de la globalización del comercio en Seattle a finales de 1999. Fundadora de Navdaya un movimiento social de mujeres para proteger la diversidad y la integridad de los medios de vida, especialmente las semillas. Actualmente su activismo está centrado en la lucha contra los transgénicos.

Wangari Maathai

Wangari Maathai, una de las principales figuras del ecofeminismo y Premio Nobel de la Paz 2004, fundó en 1977 el Movimiento Green Belt(Cinturón Verde) en Kenia, con el cual plantó más de 50 millones de árboles para evitar la deforestación y desertización. Este programa fue llevado a cabo por mujeres, quienes recibían una paga por plantar árboles y así poder mantener a sus hijos. En 1986, el Movimiento instauró una red panafricana (Pan african Green Belt Network). Tenía una visión holística con respecto al desarrollo sostenible que engloba la democracia, los derechos humanos, en especial, los derechos de las mujeres.

Bibliografía
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Verónica PERALES BLANCO, "Práctica artística y ecofeminismo", Revista Creatividad y sociedad, nº 15, noviembre 2010.
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Alicia PULEO (ed), Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido, en Celia Amorós y Ana de Miguel(ed.), Teoría feminista. De la Ilustración a la globalización, ed. Minerva, Madrid, 2005, pp.121-152.
Alicia PULEO,"Gender, Nature and Death" en Elisabeth de Sotello, ed., New Women of Spain, Lit Verlag Münster- Transaction Publishers, Rutgers University, New Brunswick & London, 2005, pp.173-182.
Alicia PULEO, “Los dualismos opresivos y la educación ambiental”, en Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política n°32, junio de 2005, pp.201-214.
Alicia PULEO,"Ecofeminismo: hacia una redefinición filosófico-política de Naturaleza y ser humano", en Celia Amorós(ed), Feminismo y Filosofía, Síntesis, 2000, Madrid, pp.165-190.
Alicia PULEO, "Derechos versus contextualismo: Personas, simios y la ética ecofeminista", Revista de Filosofía de la Universidad de La Laguna nº 7 (2000), pp.353-357.
Alicia PULEO, "Ecofeminismo. La perspectiva de género en la conciencia ecologista", VV.AA, Claves del ecologismo social, Libros en Acción, Editorial de Ecologistas en Acción, Madrid, 2009.
Ana SABATÉ MARTÍNEZ, “Género, Medio Ambiente y acción política: un debate pendiente en la Geografía actual”, Anales de Geografía de la Universidad Complutense, Vol.20, pp.177-191.
Ariel SALLEH, “Naturaleza, mujer, trabajo, capital: la más profunda contradicción”, Ecología Política n°7, Cuadernos de Debate Internacional. Icaria, Barcelona, 1994.
Cristina SEGURA, “Mujeres y Medio Ambiente en la Edad Media castellana”, en VV.AA., Oficios y saberes de mujeres, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 2002.
Vandana SHIVA, Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos, ed. Paidós, Barcelona, 2003.

EL MUNDO SEGUN MONSANTO


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Sinopsis
Una crítica demoledora, sobre la actividad de la multinacional norteamericana Monsanto, la más importante empresa en la producción de alimentos, hormonas de crecimiento animal, transgénicos etc.
Monsanto, la multinacional de Saint Louis, es una de las empresas responsables del desastre alimenticio mundial. Productores de dioxinas, hormonas de crecimiento animal y transgénicos varios y controladores, a su vez, de una parte importante de la producción mundial de alimentos, es la típica empresa que vende el bien y la salud cuando en realidad están “contaminando” el planeta con sus productos y estrategias. Esta obra, documentada y polémica, de una de las periodistas de investigación más prestigiosas del panorama internacional, ofrece, por vez primera, un compendio de las estrategias del terror y las técnicas científicas que llevan a cabo desde la asepsia de Saint Louis.